Nosotros somos los del Havana Yacht Club.
Nosotros no ponemos un pie en el Palace,
ni en la Choricera.


Claro que el jet set de Miramar no se va a meter así, de golpe, en una maleza como esa que tú estás viendo ahí, cariño. Es solo hoy porque andan de aniversario. Y también es solo hoy porque esa maleza es maleza de un solo día. Mírales esas pintas que van más allá del swing. Fíjate bien, es el revival de la añeja burguesía y su notable glamour. A la usanza de una portada de Carteles. ¿Dime que todo ese vintage no está más que atinado? Mira ese clutch, las gemas en aquel par de aretes, el ala corta y la doble cinta en el sombrero boater y la caída de las dos pamelas. Marcas garantizadas. Casi todos los modelitos parece que están pensando en La República. Pero ninguno es Made in Havana. Y como el vintage, todavía este año, ha seguido dando de qué hablar en alguna que otra Fashion Week, pues tres de esa pandilla compraron la vestimenta que ahí les ves en la mismísima Milán. Y para cerrar con un toque cool: algunos se tiraron unos rapados. Genuino style.

Entre esos jóvenes nobles hay alguien que parece hasta una copia de la última generación de la familia real de esta isla. Andan brindando para dejarte claro que Miramar nació sobre una finca, y que la finca tenía en papeles el nombre de un marqués como propietario. ¿Ves la nobleza del gesto en ciertas copas cuando se brinda por un marqués? Me quedo con el donaire chic de la copa para Champagne y la copa para Martini Seco, justo cuando se dice bien alto el nombre del “IV Marqués de la Real Proclamación”, dueño de la finca La Miranda. La finca desde donde creció todo este acaudalado reparto. Mis parabienes, colegas. Salud, que haya. Porque desde el día uno lo que hay en Miramar es tremenda alcurnia.

Pero el detalle más importante del aniversario no es que los jóvenes nobles se olviden de que esta zona ha estado vinculada también a condes, ministros y presidentes, y que no brinden por ellos. Aunque la Condesa de Buena Vista, con su lujosa casona venida a menos, les suene en los oídos a aristocracia pomposa, y sepan que hubo un ministro que haya querido darle un malecón a Miramar y hasta un presidente que construyó una mansión célebre por su número excesivo de baños, eso no les interesa para nada. Tampoco la leyenda alrededor de la casa que supuestamente copia la de Mary Pickford. Ni tan siquiera ahora mismo es importante ese hashtag que fue trending topic inmediatamente después de que se publicó esta foto en Instagram. Aquel hashtag donde queda demostrado, bien alto y clarísimo, que solo les era de interés el título nobiliario, el de mayor rango que ha tenido que ver con el nacimiento de Miramar. Donde todos ellos se ven como descendientes del marqués y reniegan de su ralea.
Aquel hashtag: #yoquierosermashijodeunmarquesquehijoalgunodepresidente

Pues eso es nada, si lo comparamos con la esencia real de toda esa maleza que tú estás viendo ahí y que te decía arriba que fue maleza de un día. Te cuento: como ves, en el hashtag los chicos nobles se cagan en su progenie, pero fue su misma ralea la que les permitió cerrar 5ta Avenida desde la calle 10 hasta la 66. Desde la Torre del Reloj hasta la Embajada Rusa. El aniversario aparente se disfrazó como la celebración de uno de esos eventos de Nuevos Empresarios. Tan de moda. Cerrar 5ta Avenida como si se fuera a hablar de la Cuba Nueva.

Pues eso es otra vez nada, si lo comparamos con la esencia real de toda esa maleza. Ese sí fue el detalle más importante: la maleza en sí. Aquello que creció desde la Torre del Reloj hasta la Embajada Rusa. Canteros inmensos con arecas, con árboles enanos, pero más que frondosos y que llegaban algunos a los dos metros o un poquito más, otros canteros con matas altas cuyos nombres desconozco, que parecían sacadas de esa parte del zoológico que pretende ser una pradera africana. Todo arbusto real se unía a una escenografía demasiado buena y exquisita hasta en el detalle más mínimo. Palmas reales de mentira. Maleza de mentira entre los canteros. Pero la palma real de mentira era de una factura tan, pero tan creíble, que te dabas cuenta de que llevó meses preparar semejante aniversario. Crear todas aquellas estructuras de pladur y revestir con papel maché, lograr esa veracidad del matorral. Aquellas telas que se movían como pencas y hojas. Te miento si te digo que desde lejos aquello no parecía casi un bosque. Un bosque plantado de la noche a la mañana a lo largo de 5ta Avenida y su paseo. ¿Y quién les dijo que en La Miranda había ese bosque? Eso aquí no importa, los chicos nobles quisieron un bosque porque se imaginaron la finca La Miranda como un bosque, para especular así el vivir holgadamente en su reparto. Y tuvieron su bosque por un día. Y al otro día en la mañana ya no había bosque. Todo limpio como si no hubiera existido aniversario. Todo igualito. Estaban los mismos carros de embajadas pasando fugaces por un lado y otro de una avenida muy limpia. Mucha gente dijo que lo del bosque fue porque se rodó una película en Miramar. Que por eso era que estaba cerrada 5ta Avenida. Como cuando se revolucionó La Habana cuando vino a filmar Vin Diesel. Otro grupo, bastante pequeño, decía que los hijos de papá hacen lo que les da la gana con ese reparto. Pero: ¿qué no se hace por un hijo? Aunque te ponga en Instagram que lo que quisiera como hijo es heredar una corona que tú no le puedes dar, y te diga a la cara que es muy feo eso de ser hijo de una estirpe lúgubre.

︎Presented by Habana Arte



 



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