El león y las migajas de oro

por Larry J. González

Vengo caminando por Teniente Rey y se cae la última cortina de la cúpula del Capitolio. Hoy es día de inauguración. Hoy va a brillar en tus ojos la cúpula restaurada del Capitolio de la Habana. Hoy vamos a ver, por fin, el oro. Para ti que nunca has visto en la Habana Vieja nada con tanto fulgor. Y la cantidad de rusos que han venido a trabajar ahí. Parece que esos sí saben de lustre, de sacar brillo ―dice un tipo sentado en la acera de la Plaza del Cristo. Ese tipo, por ejemplo, ni se inmuta por el oro. Él no se levanta de la acera a ver qué tanto refulge, si la tarde es más o menos brillante. Total, su casa, ahí mismo en Teniente Rey, entre todos los nuevos bares y negocitos cool, es un bajareque de finales del XIX que ya le dijeron los santos que se va con el mínimo aguacero. Que le puede importar a él un casco dorado sobre una mole de piedra. Si su único sentido en la vida es buscarse otra morada. Puede ser una casa tan pobre como la suya, pero que soporte toda el agua que cae del cielo.

Por la mañana, cuando se descorrieron las primeras cortinas de la cúpula del Capitolio, había gente en toda la Habana Vieja que hablaba del evento con una euforia extrema. Como si les fuera a tocar una onza, una pepita sobrante. Si tú fuiste de los que vinieron temprano para ver a esa cúpula que encandilara a una parte de la ciudad, tendrás que haberte pasado aquí buena parte del día, porque las cortinas se demoraron en correr, en calmar tu euforia. Ahora mismo la Habana Vieja es esto: un cascarón de oro con un foco apagado, con un mecherito que aún no enciende en la linterna de la cúpula. Hasta que haya otra inauguración dentro de un mes y esté listo El Capitolio completo en todo su nuevo esplendor. Ese día ya la cúpula tendrá el foco encendido que se va a hermanar con el del faro del Morro. La luz del faro le va a seguir dando en la mismísima cara a ese hotel nuevo y horroroso pegado al mar. Un hotel con un león bien feo pintado encima. Los leones de bronce del Paseo del Prado le seguirán virando la cara al nuevo león. La tradición es así. Muy celosa con lo suyo. Los leones de bronce están muy seguros de que ese león no debiera ir ahí. Y la luz de la cúpula del Capitolio estará iluminando cientos de techos que algún día se llevara un ciclón. Así, en un chasquido de dedos.


The Lion and The Gold Crumbs

by Larry J. González

I walk along Teniente Rey street as the last curtains covering the capitol building dome fall off. Today, it’s unveiling day. Today, the restaured dome of the Capitol Building in Havana will shine bright in your eyes. Today, we are finally going to see the gold. We have never seen so much glare in Old Havana. So manRussians came to work there! They do know about gilding, about making things shine -exclaims a man sitting on the sidewalk at Plaza del Cristo Square. This man, you see, is unfazed by the gold. He doesn't even get up to see how shiny it is, how much brighter the afternoon has become. After all, his place, right there on Teniente Rey, smack in the middle of all the new bars and little cool businesses, is a dump from the late 1800s that, as the saints have warned him, may collapse with the slightest downpour. Why would he care about a golden helmet on a stone block? His only dream is to find a new abode. It doesn’t matter if it’s as humble as the one he has now, as long as it can withstand the rain.

Earlier this morning, as the first curtains from the Capitol dome were drawn, people all over Old Havana were talking about the event with extreme euphoria. As if they were getting an ounce, or even a spare nugget. If you were one of those who came early to see the dome dazzle half the city, you must have spent here a big chunk of your day, because they were late drawing the curtains, they were late to calm your euphoria. That's Old Havana today: A golden carcass. In a few weeks, when it’s completed in all its splendor, the dome will have its lantern turned on and its light will be twinned with the Morro Lighthouse. And the Lighthouse will continue shining on the very face of that hideous new hotel on the waterfront. An ugly hotel with a very ugly lion drawn on top. And the bronze lions from Paseo del Prado will keep their heads turned away from the new lion. That's the way tradition is. Fiercely protective of itself. The bronze lions are convinced that new lion shouldn't be there. And that the shine from the Capitol dome will illuminate hundreds of rooftops what one day will be wiped out by a hurricane. In the blink of an eye.

︎Presented by Habana Arte



 



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