¿En qué zona tú vives?


Cuando se terminó de construir el edificio B-1 solo faltaba un detalle: ponerlo en las manos de Fidel. Obvio. Porque Fidel sabía de todo: de arquitectura, por ejemplo, tanto como de meteorología, como de literatura. Y si tú eras arquitecto, Fidel te interrumpía, y te hablaba de cimientos en tu mismísima cara. Mi tío era un estudiante de Ingeniería Civil y estaba ahí para levantar ese nuevo Alamar para obreros. Vio cuando llegó Fidel, pero no fue de los que subió al apartamento escogido del B-1. Mi tío después dejó Ingeniería Civil y se convirtió en escultor.

Lo que se cuenta es que andaba Fidel, con total parsimonia, manos en la espalda, dando vueltas por el apartamento, mirando un rato por el balcón, entró a cada cuarto, y que se detuvo solo un instante en uno de los pasillos interiores. Nadie se atrevía a preguntarle qué le parecía aquello. Pero sí había algo que chocaba un poco: esos pasos nuevos que andaba dando Fidel por todo el apartamento. Aquellos no eran pasos normales. ¿El Comandante está dando como zancadas, no? Tal parece como si contara. Es que Fidel estaba midiendo los tramos de aquel apartamento del B-1 para dar su sentencia:

¿Nosotros estamos aquí para construir edificios para burgueses o estamos construyendo edificios para un proletariado? Mejor, vamos a estudiar, con mayor detenimiento, qué tanto espacio realmente se necesita en esos apartamentos que están por venir. (Fidel señala desde el balcón lo que está por venir, lo casi en pie, lo de mínimos detalles)

Ahí tienen al B-2, a un B-3, a un B-4. Edificios todos de la Zona 5 que dejaron de imitar fielmente cada rincón del B-1, a reducirse un poco para que salieran más apartamentos proletarios, pero aún así, hoy presumen de ser edificios espaciosos. Apartamentos con su rezaguito burgués comparados con los de otras zonas. Si escoges a alguien que viva en el edificio “Casa de Muñecas”, frente a la Plaza de África, el de los espacios más chiquitos de todo Alamar, y lo subes por primera vez a uno de esos edificios de la Zona 5, seguro que esa persona se quiere quedar a vivir ahí. Me pasó a mí. Subí a un tercer piso de un edificio, y lo comparé con aquel donde yo viví alquilado por un año en la Zona 23 junto a cuatro personas. Aquel apartamento del tercer piso me parecía casi una de esas casonas ancladas en la Quinta Avenida de Miramar, que se tragaba de un pestañazo al apartamento con un solo cuarto donde yo estaba durmiendo demasiado apretado. El dueño nunca se enteró de que vivíamos cuatro personas en el apartamento 5, del edificio 726-A de la Zona 23. El apartamento amplio del tercer piso era de la Zona 11. La zona donde Eusebio Leal colocó a una parte de la Habana Vieja que había que buscarle otra casa. Ellos le dejaban la casa histórica a Eusebio, que se había convertido en solar, o estaba a punto de derrumbe, y se armaba el trueque. Y aquella casa histórica, algunas veces, se remozaba y se parecía un poco a lo que en su momento fue. Les prometo que serán unas construcciones muy acogedoras ―decía Eusebio.

Mi prima estudia arquitectura y nunca ha puesto un pie en Alamar. Hace poco mi tío le dijo que los edificios de Alamar eran casi como los edificios que ella había visto en “Chernobyl”, la serie de HBO, pero más feos. Que se imaginara paredes de bloques, paredes de hormigón armado, que formara con esa idea en su cabeza una maqueta bastante rápido. Que no utilizara casi ninguna línea curva. Como los legos, de un mismo color, de un niño que dice: Mira, un edificio. Que ahí puede haber apartamentos de 1, 2, 3, hasta algunos pocos de 4 cuartos. Que también hay unos apartamentos que se llaman “afectados” porque no tienen balcón. Que quedan 2 piscinas. Que hay un pedazo de mar que le dicen “La Playita de los Rusos”. Que hay unos 12 plantas que se construyeron con un sistema constructivo yugoslavo. Que todo allá adentro se diferencia por los números de las zonas. Que no existe la zona 22, por ejemplo, y que las zonas no son consecutivas. La 21 puede tener al lado la 17. La 1, a la 24. Y que la última zona no es un número. Se llama Micro X. Por aquello de las microbrigadas. Los cascos blancos como hormigas, moviéndose alrededor de otro ejercicio de Fidel en tiempo récord.




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