Habana 500


November 15 - December 31, 2019 

 ︎Fábrica de Arte Cubano
Havana, Cuba
An art exhibition celebrating the 500th anniversary of the Cuban capital through graphic design and film.

Habana 500


Organized in collaboration with Nocturnal.
Presented by Habana Arte.


San Cristóbal de La Habana, or simply Havana -all fierce divas are known on a first name basis-, is a city with a very distinctive identity in the world’s imagination. Smack in the middle of Hurricane Lane, and historically lusted after by pirates and empires -both bygone and crumbling ones-, reached a mediatic nirvana as the decadent playground for the rich and (in)famous in the 1950s that came abruptly to an end in 1959 with the arrival of the Socialist Revolution.

Relative isolation from the tourist circuit helped create a certain allure of mystery and curiosity around Havana. But in a social-media-dominated 21st century, it only takes a quick search on Instagram to find hundreds of daily posts that perpetuate the cliché of a beautiful but crumbling metropolis, stuck in time, and full of vehicles that miraculously refuse to disappear from its narrow streets. The artworks in this exhibition present another angle of Havana, offering an insider’s view of the city as seen from 6 of its most iconic neighbourhoods: Alamar, Cayo Hueso, El Vedado, Habana Vieja, Miramar and Regla. Alongside the artworks, a short story by Cuban writer and artist Larry J. González illuminates the visual complexities of each artwork and takes you through the past, present and future of each barrio.

Today, vibrant, proud and full of contradictions, the Cuban capital reinvents itself day by day, and reclaims its role as de facto Capital of the Caribbean. Welcome to Havana.


FÁBRICA DE ARTE CUBANO

Graphic Design Gallery - Nave 1
Thursday - Sunday / 8:00 pm - 2:00 am
Calle 26, Esquina 11, El Vedado. Havana, Cuba




Recently named by Time Magazine as ‘One of the World’s 100 Greatest Places, the Cuban Art Factory (a former cooking-oil facility) blends the cutting edge of Cuban Contemporary Art, Design, Theatre, Fashion and  Music.


 

¿En qué zona tú vives?


Cuando se terminó de construir el edificio B-1 solo faltaba un detalle: ponerlo en las manos de Fidel. Obvio. Porque Fidel sabía de todo: de arquitectura, por ejemplo, tanto como de meteorología, como de literatura. Y si tú eras arquitecto, Fidel te interrumpía, y te hablaba de cimientos en tu mismísima cara. Mi tío era un estudiante de Ingeniería Civil y estaba ahí para levantar ese nuevo Alamar para obreros. Vio cuando llegó Fidel, pero no fue de los que subió al apartamento escogido del B-1. Mi tío después dejó Ingeniería Civil y se convirtió en escultor.

Lo que se cuenta es que andaba Fidel, con total parsimonia, manos en la espalda, dando vueltas por el apartamento, mirando un rato por el balcón, entró a cada cuarto, y que se detuvo solo un instante en uno de los pasillos interiores. Nadie se atrevía a preguntarle qué le parecía aquello. Pero sí había algo que chocaba un poco: esos pasos nuevos que andaba dando Fidel por todo el apartamento. Aquellos no eran pasos normales. ¿El Comandante está dando como zancadas, no? Tal parece como si contara. Es que Fidel estaba midiendo los tramos de aquel apartamento del B-1 para dar su sentencia:

¿Nosotros estamos aquí para construir edificios para burgueses o estamos construyendo edificios para un proletariado? Mejor, vamos a estudiar, con mayor detenimiento, qué tanto espacio realmente se necesita en esos apartamentos que están por venir. (Fidel señala desde el balcón lo que está por venir, lo casi en pie, lo de mínimos detalles)

Ahí tienen al B-2, a un B-3, a un B-4. Edificios todos de la Zona 5 que dejaron de imitar fielmente cada rincón del B-1, a reducirse un poco para que salieran más apartamentos proletarios, pero aún así, hoy presumen de ser edificios espaciosos. Apartamentos con su rezaguito burgués comparados con los de otras zonas. Si escoges a alguien que viva en el edificio “Casa de Muñecas”, frente a la Plaza de África, el de los espacios más chiquitos de todo Alamar, y lo subes por primera vez a uno de esos edificios de la Zona 5, seguro que esa persona se quiere quedar a vivir ahí. Me pasó a mí. Subí a un tercer piso de un edificio, y lo comparé con aquel donde yo viví alquilado por un año en la Zona 23 junto a cuatro personas. Aquel apartamento del tercer piso me parecía casi una de esas casonas ancladas en la Quinta Avenida de Miramar, que se tragaba de un pestañazo al apartamento con un solo cuarto donde yo estaba durmiendo demasiado apretado. El dueño nunca se enteró de que vivíamos cuatro personas en el apartamento 5, del edificio 726-A de la Zona 23. El apartamento amplio del tercer piso era de la Zona 11. La zona donde Eusebio Leal colocó a una parte de la Habana Vieja que había que buscarle otra casa. Ellos le dejaban la casa histórica a Eusebio, que se había convertido en solar, o estaba a punto de derrumbe, y se armaba el trueque. Y aquella casa histórica, algunas veces, se remozaba y se parecía un poco a lo que en su momento fue. Les prometo que serán unas construcciones muy acogedoras ―decía Eusebio.

Mi prima estudia arquitectura y nunca ha puesto un pie en Alamar. Hace poco mi tío le dijo que los edificios de Alamar eran casi como los edificios que ella había visto en “Chernobyl”, la serie de HBO, pero más feos. Que se imaginara paredes de bloques, paredes de hormigón armado, que formara con esa idea en su cabeza una maqueta bastante rápido. Que no utilizara casi ninguna línea curva. Como los legos, de un mismo color, de un niño que dice: Mira, un edificio. Que ahí puede haber apartamentos de 1, 2, 3, hasta algunos pocos de 4 cuartos. Que también hay unos apartamentos que se llaman “afectados” porque no tienen balcón. Que quedan 2 piscinas. Que hay un pedazo de mar que le dicen “La Playita de los Rusos”. Que hay unos 12 plantas que se construyeron con un sistema constructivo yugoslavo. Que todo allá adentro se diferencia por los números de las zonas. Que no existe la zona 22, por ejemplo, y que las zonas no son consecutivas. La 21 puede tener al lado la 17. La 1, a la 24. Y que la última zona no es un número. Se llama Micro X. Por aquello de las microbrigadas. Los cascos blancos como hormigas, moviéndose alrededor de otro ejercicio de Fidel en tiempo récord.






Cayo Hueso
artwork by Nelson Ponce

MANTECA


“I used to spend lots of time in this park. You know, the hustle has always been my thing. And I always believed this hood belonged to me. Let me tell ya, my grandfather’s godfather is from that gang of tobacco rollers that named all this shit after they returned from the other Cayo Hueso and planted the name right here. And it stayed. One of my relatives was buddies with Chano Pozo before he went away and left everything behind. And when I say buddies, I mean real buddies. A man who died invoking Changó upon Chano’s death. Because they may tell ya that the souls of Maria Teresa Vera and Malanga still live here in Cayo Hueso. Aché for Teresa, may she rest in peace. And it ain’t no machismo or anything like that, but for me, Cayo Hueso is Chano Pozo, from here to the very New York, where they filled him with bullets.

What a dumbass he was. He shoulda listened to Changó and become his son before taking off. You can’t mess up like that. Especially with Changó. Or why do think there’s all those ebbó all over the place? How bout those two roosters, the goat head, and the big banana bunch under the ceiba tree? Bro, everything here is solved with Santería. But the damn WiFi Zone fucked it all up. All kinds of people day and night. You gotta have some nerve coming all the way here to drop your banana bunch offering to Changó and let it sit for six days while everybody is watching, talking shit on their cell phones with God knows who. Not me. For even Mazzantini, the bullfighter, had his day here. For me, Cayo Hueso all the way. Til the day that Ikú tells me: yo, time to go.”

MANTECA

por Larry J. González

“Aquí en Cayo Hueso ya no hay rufa. La rufa de ampanga, te digo, la de te parto en dos de un cuchillazo. Y es la más pura verdad que por muy guapo que tú seas no hay por qué estar sacando un cuchillo, ni aflojándole un auténtico navajazo a nadie en el mismísimo centro del pecho, pero yo con lo que si no puedo es con las broncas ñoñas esas de ahora, pa dar una vueltecita en la fiana y a las dos horas estar devuelto aquí, con tan solo una advertencia. Y no pasó na, y tan amigos, como si na, en el mismo centro del Parque Trillo. No, chico, así guapo es cualquiera. Pa mí, el verdadero corazón de Cayo Hueso es esto, el Parque Trillo. Aunque igual me inclino de rodillas allá abajo en “La Criolla” donde Martí tuvo los grilletes puestos, y con esa misma reverencia bajo la cabeza ante ese que está ahí (la mano derecha señalando el busto del General Quintín Banderas).”

“En este parque yo antes me echaba horas. Tú sabe, lo mío siempre ha sido el invento. A la cara. La talla mía es que yo siempre me he creído que to este barrio me pertenece. Te aclaro, el padrino de mi abuelo es del piquete de los tabaqueros que le pusieron nombre a to esto cuando viraron del Cayo Hueso del yuma pacá y tiraron ese nombre aquí mismo. Y se quedó. Como también tenía en mi familia a uno de los mejores amigos de Chano Pozo antes de irse de aquí pal carajo. Cuando te digo amigo, te digo amigo-amigo. Un hombre que se murió invocando a changó por la muerte de Chano. Porque a ti te podrán decir que aquí en Cayo Hueso está el muerto de María Teresa Vera y de malanga. Y to el aché y la luz pa esa grande de Teresa. Pero no es machismo ni na, lo que pa mí Cayo Hueso es Chano Pozo, desde aquí hasta el mismísimo Nueva York donde le metieron aquella pila e tiro. Comemierda que fue, por no hacerle caso a Changó y volverse su hijo antes de irse echando.”

“Y eso sí se paga caro. Y con Changó más. O por qué si no tú crees que están to esos ebbó ahí. Esos dos gallos, aquella cabeza de carnero, y esa inmensa mano de plátanos debajo de la ceiba grande. Aquí to se resuelve con brujería, mi hermano. Y lo que ha jodío to la brujería es la salá zona wifi está que tiene este parque repleto de cualquier tipo de gente. Hay que ser de verdad valiente pa venir con esa mano de plátanos que le pusiste seis días a los pies a Changó y dejarla reposar en esa ceiba, cuando to el mundo está arriba de ti en la miradera, y a la vez hablando mierda por los celulares esos con medio mundo. Yo sí no, lo que yo tenga que poner en esa ceiba, lo echo. Si en este barrio toreó hasta Mazantini el torero. Conmigo, Cayo Hueso hasta afuera. Hasta que venga Ikú y me diga: Vamo, tumbando.”

︎Presented by Habana Arte



 



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